2 oct 2010

Gestos


La Historia se construye a partir de gestos y discursos y es un recuento de todos ellos. En torno a la pluma y la espada se resumen acontecimientos que no pocas veces serían incomprensibles o casi imposibles de abarcar de otra manera.

El reciente golpe de Estado fallido, llevado adelante por las fuerzas de seguridad en Ecuador, puede hacernos recordar nuestra Semana Santa de 1987. No quiero ser injusto: los actores y el contexto histórico son muy distintos. Si vemos la foto podemos pensar que hay relación, pero la película muestra secuencias de apertura, trama y resoluciones bien diferentes. El pueblo sí, el pueblo es el mismo: el que salió a las calles a defender a la democracia.

Raúl Alfonsín le puso el cuerpo a la situación recién luego de comprobar que se había quebrado la cadena de mando y que no habían hombres de las FF.AA. que le respondieran. Rafael Correa, por otro lado, puso también su cuerpo, su sangre, como escudo frente al conflicto. Las FF.AA. ecuatorianas comunicaron que respondían a su Comandante en Jefe, pero que éste debía dialogar. Algún inocente cobista puede pensar -luego de tanto sentido común impuesto desde los Mass Media- que el diálogo siempre es bueno. Pero dialogar bajo presión es aceptar la derrota de antemano. Sepanlón (sic), republicanos.

Alfonsín pronunció, antes de partir a Campo de Mayo para destrabar el conflicto, un discurso enérgico ante el pueblo reunido en Plaza de Mayo. Su voz, sus puños cerrados, el dedo índice señalando para enfatizar sus palabras eran prueba irrefutable de sus convicciones. A su lado, quien más fuerte aplaudía era Antonio Cafiero. Gestos y palabras.
Y fue Alfonsín, negoció las Leyes de Obediencia Debida y Punto Final y regresó para pronuciar la histórica frase: "Felices Pascuas (...) La casa está en orden...". Su voz no era ya la misma, tampoco los gestos. A su lado estaba Luder y no Cafiero. Era, en ese balcón Alfonsín, un hombre que había claudicado para evitar el derramamiento de sangre y la posibilidad de que la naciente democracia se viera aún más comprometida. No es motivo de este post juzgar si estuvo bien, mal o si debió tomar un camino diferente.



Correa, ante los policías amotinados, insurrectos, también tuvo palabras y gestos. Pronunció una frase que creo -como Lisandro en este post de Los desnudos y los muertos- será una de las frases de la década. Quedará, sin dudas, grabada a fuego en la Historia del Ecuador. Dijo Correa:

"Señores... Si quieren matar al Presidente, ¡aquí está! ¡Mátenlo si les da la gana! ¡Mátenlo si tienen poder! ¡Mátenlo si tienen valor! (...) si quieren destruir la Patria, ¡aquí está! ¡Destrúyanla! ¡Pero este Presidente no dará ni un paso atrás! ¡Viva la Patria!"


El lenguaje gestual que acompañó sus palabras, mostrando el cuello no como el cachorro sumiso sino como alguien que pelea e invita al otro a dar el primer golpe, me hace pensar que hubiera sido un excelentísimo actor en Hollywood -un Marlon Brando o un De Niro- o que estaba realmente convencido de la oferta que hacía. Su vida por el triunfo. Una oferta difícil de realizar y, en ocasiones, dura de rechazar. Su voz, sus manos, no dejaban lugar a dudas.

Correa apostó a que no iban a matarlo en ese momento. Sabía muy bien que no les gusta crear mártires. Combatir contra la memoria de un muerto es imposible: el triunfo nunca estaría asegurado porque los muertos son para siempre buenos y nobles -hasta Michael Jackson parece bueno ahora-.
A la noche, ya libre Rafel Correa-y frente al pueblo que también, como acá, había salido a las calles a defenderlo y defender la democracia-, pronunció un discurso en el que sus palabras y gestos eran copia fiel del Correa original, el que dijo que salía como Presidente o salía como cadáver.

La Historia se escribe con estos gestos.

7 pusieron huevos y comentaron:

Comandante Cansado dijo...

Muy buena lectura, Ricardo.

ram dijo...

De paso, hablando de "gestos", no hay que perder de vista el cómo tenemos ahora delante nuestro y mediáticamente, una "nueva gestualidad" alfonsinista, el hijo como versión pasteurizada y muy descremada del padre, al que se prepara (tal vez con poco entusiasmo por previsibles decepciones) para ser la fachada de los mismos intereses que se cargaron al alfonsín original e intentaron cargarse a Correa.

Sujeto de la Historia dijo...

Hola Ricardo
Muy buena observación. Correa, para mi gusto, se "despersonalizó" en ese momento, dejó de ser persona, encarnó en un ideal.
Te mando un abrazo

Ricardo dijo...

Sujeto: muy buena observación.
Gracias por el aporte.

¡Abrazo!

Tio Pepe dijo...

Esos gestos, de coraje y de convicción, hacen historia. No como el tibio incómodo de Alfonsín que liberó a los genocidas cuando lo apretaron un poco.

A.C.Sanín dijo...

Muy bueno, Ricardo, como siempre. Recuerdo haber estado en la Plaza, cuando habló Alfonsín, junto a otras personas que si bien éramos opositores fuimos a defender la democracia. Recuerdo la espera y la frustración final. Fue grave la herida que provocó aquella agachada en la confianza de la sociedad hacia la política. Un abrazo.

A.C.Sanín dijo...

Y, bueh, me metiste en un brete. Pero como SOS mi amigo, te voy a hacer caso. Un abrazo.

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