
Un trabalenguas el título, ¿no? Pero de eso se trata. Quiero traer a colación un posteo de Alejandra Varela, quien hace una crítica de las críticas al discurso de Hebe en Plaza Lavalle, que fue a su vez una crítica al Tribunal Supremo de la Nación (persígnense al pronunciar su Alto Nombre: Corte Suprema de Justicia):
En esas acusaciones se deshistoriza a la Presidenta de Madres de Plaza de Mayo ( y con esto no quiero decir que se convierta en una figura intocable, paso previo para construir el autoritarismo) se la aísla como si sólo se tratara de una mujer enfurecida. Dejar de hablar de la dictadura implica también banalizar el dolor, no tener un mínimo gesto de piedad hacia el que fue torturado, asesinado, apropiado. Señala el modo en que algunos sectores de la sociedad carecen de la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de entender un drama aunque no lo hayan vivido y padecido en su propio cuerpo. Esa manera de reducir la historia y lo político a mi esfera meramente individual y encima aspirar a que ese capricho se convierta en norma, no sólo se parece demasiado a la ideología del menemismo sino que también delata un modo en que la inteligencia de ciertos personajes se degrada sin que ellos parezcan notarlo.
No es mi propósito debatir el discurso de Hebe o su oportunismo político. Esa crítica ya fue realizada en otros blogs. Lo que quiero es rescatar dos cuestiones distintas del citado párrafo: por un lado la brillante oración final, que describe sintética pero certeramente el pensamiento de muchos que hacen un culto de la apolítica, sin poder comprender que es la Política la única que puede articular lo económico con lo social en favor de las mayorías en este mundo dominado por las Corporaciones Económicas. Pero algo de eso ya fue tratado en este blog.
En segundo lugar deseo resaltar la mención al autoritarismo, que tiene como paso previo la construcción de una figura intocable. Y es relevante porque Hebe atacó al más sacrosanto Poder de la República: a la Corte Suprema de Justicia. Es decir, a la Justicia misma. La misma Alejandra, al principio del post que cito, decía:
Parte de la riqueza y la excepcionalidad de la época que nos toca vivir tiene que ver con la posibilidad de empezar a cuestionar aquellos temas que hace unos años parecían intocables.
Dentro de esta categoría el periodismo y la justicia ocupan los lugares protagónicos (...) la independencia de poderes se sostenía en la ausencia de opinión sobre la justicia, especialmente de parte de los funcionarios del poder ejecutivo y legislativo. Quienes eran capaces de juzgar y sancionar a los demás (sea de forma virtual o real) no podían ser cuestionados por nadie.
Un resumen podría decir entonces que la opinión del Poder Judicial es inapelable y fatal, pero la del titular del Poder Ejecutivo no. Y me parece que en algún momento hay que dar el debate sobre la composición del único de los Poderes del Estado sobre el que el pueblo (el soberano en Democracia) no tiene injerencia. Quizás -y ojalá- no estemos lejos de ese momento.
Claro que la actual Corte Suprema es uno de los logros más importantes en cuanto a calidad institucional del kirchnerismo y de Néstor Kirchner mismo. Pero lamentablemente el accionar reciente de muchos jueces, siendo serviles y funcionales a un Poder que está más allá de los votos de los ciudadanos, nos demostró que la reestructuración de la Corte Automática Menemista -que realizó el por entonces Presidente Kirchner- debió ser parte de un proceso para una mejora integral de la Justicia y no sólo de un eslabón -ciertamente el último y más importante- de la cadena judicial.
Pero ya parezco un republicano cualquiera, pidiendo mayor calidad institucional en el Poder Judicial. Será una cuestión a encarar -espero- en el próximo turno presidencial, si la ciudadanía quiere acompañar a este proyecto nacional y popular con sus votos en octubre de 2011.
Sería Justicia.-
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