18 jun 2010

Crónica de la Audiencia Pública sobre Matrimonio Gay en Tucumán.

No tengo la más puta idea de lo que pasó en la Audiencia porque, a pesar de que me inscribí como orador (iba a decir esto, nada muy distinto a este post), no me dejaron pasar. ¿Publica? Las pelotas.

Así que nos quedamos ajuera, la zapán contra las rejas, asistiendo al festival de la intolerancia de los grupos que se oponen al matrimonio gay y rodeado de nuestros compañer@s (?) LGBT, quienes soportaron estoicamente las bravuconadas del chupaciriaje.


¡Déjenme pasar, heterosexuales!

Eran casi las 9 de la matina cuando llegamos a la Legislatura Provincial. Lo único positivo de todo esto es que -por lo menos- me bañe. Bien yo ahí. Ya me daba asco.

Estaba listo para hablar y lucirme, convencer a la Senadora Negre de Alonso de apoyar el proyecto. Mi premio iban a ser sus lágrimas, pocas pero sentidas seguramente, cuando se diera cuenta de cuán equivocada estaba y cuánto a tiempo de repensar su posición y erigirse en conductora y líder de la aprobación de esta modificación del Código Civil, que permitirá a los compañeros homosexuales casarse no como la Iglesia pero si como la sociedad manda, y gozar de todos los derechos, beneficios y protecciones de un matrimonio legal.

No pudo ser.

Seguramente estas Audiencias ¿Públicas? que se están llevando adelante en el NOA no son una puesta en escena para generar "con-sen-so" en contra del proyecto. No, señora. No, señor. Si unos cuantos gatos locos aparecen con carteles onda "Cuidado!! Las familias votan!!" u otro, estudiante de abogacía de 20 años, porta uno con la leyenda "No queremos una cultura de la muerte" (¿¡!?), debe ser que se trata de una genuina expresión de amor por la libertad y la igualdad (falta la fraternidad y somos todos franceses y amanerados). Los carteles más repetidos eran "Queremos mamá y papá" y "No vayamos en contra de la naturaleza".

Los cantitos de la fuerza de choque conservadora eran: "No queremos no queremos, no queremos esta ley, la familia es una sola, un varón y una mujer" (al ritmo afrolatino de "Volveremo' a ser campeones, como en el '86") y "La familia se multiplica". Pleno siglo XXI, muchachos...

Y si digo que los compañeros lesbianos y las compañeras gays soportaron estoicamente las agresiones del chupaciriaje evangelizador que necesita mirar ("¡porque es evidente!", gritaba una señora) si la mamá no tiene una poronga y el papá tetas para bendecir el amor, es porque fue así. Fueron continuas las agresiones que partieron de aquellos que portaban rosarios sobre sus pechos sacrosantos para con los chicos y chicas que lo único que piden es igualdad y dignidad. Nada muy distinto a pensar que somos todos seres humanos, iguales el uno el otro. Había uno, medio loquito, hippie -algunos dicen que era comunista, otros peronista-, hace como 2000 años, que decía precisamente eso: que todos somos hermanos y que tenemos que amar al otro.

Si le dieran un poco de bola al Jesús ese y un poco menos de bola a Ratzinger...

Estuvieron muy bien los chicos, con sus banderitas y cintas multicolores, resistiendo a la tentación de mandar a la gran putísima madre que los remil parió a los pelotudos que los agredían con consignas del tipo: "¡de que padres habrás salido vos!" o "¡ustedes no pueden tener hijos!" o "¡Eso no es familia".

Una de las señoras chupacirias, amablemente, quiso entablar una discusión y fue correspondida en forma muy educada. Yo intenté -infructuosamente- contarle que todos los estudios realizados a la fecha muestran que no hay ningún inconveniente con el matrimonio homosexual y no existe ninguna desventaja para los chicos que son adoptados por estas parejas. Hasta le pregunté si sentía que este proyecto era una amenaza de algún tipo para ella. Contesto amablemente que si y, amablemente, terminó la charla agradeciéndonos por aportarle nuestros puntos de vista para que ella pudiera reafirmar el suyo.

No es mi intención renegar de que los que están en contra del proyecto tenga convicciones, ideas profundamente arraigadas y su propia manera de entender a la realidad y a la sociedad. ¡Está bárbaro! De lo que reniego -y me rebela profundamente- es de que le nieguen al Otro la posibilidad de ser feliz. Que intenten imponer, por la fuerza de la Costumbre, su visión al resto de la sociedad. Que nieguen la humanidad del Otro, del distinto a ellos. Porque eso es lo que hacen en definitiva: negar que el Otro pueda ser igual a ellos. Así con l@s LGBT como con los pobres. Es el mismo prejuicio y la misma discriminación. Y lo entiendo de señora mayores, ¿eh?, pero ver a sus hijos -más pendejos aún que uno- reflejar esos mismos prejuicios y discriminación, me parece tristísimo.

Al documento que iba a leer en la Audiencia lo voy a mandar por mail a los Senadores tucumanos: jose.cano@senado.gov.ar, sergio.mansilla@senado.gov.ar y beatriz.rojkes@senado.gov.ar

Mandale vos también un mail a tu Senador amigo (?).

2 pusieron huevos y comentaron:

Jorge Mux dijo...

La única razón para no admitir el matrimonio gay es esta: fundamentalismo religioso.

manuel el coronel dijo...

No ricardo,claro qeu no, pero hablo de años. Osea, esa debe ser la motivación de nuestra lucha, que debe ser precisa en casos como este.

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